A día de hoy, Hipócrates.

Pretendemos aunar experiencias de diversos orígenes para fomentar la parte olvidada de la medicina occidental: la cabecera del paciente

lunes, 9 de noviembre de 2009

Juramento hiprocrático: ¿actual a día de hoy?


Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que éste mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento. COMPROMISO.


A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará ... Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que éste mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento. RESPETO AL MAESTRO.

A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mandamiento y si lo desea participará de mis bienes. Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo.Instruiré por precepto, por discurso y en todas las otras formas, a mis hijos, a los hijos del que me enseñó a mí y a los discípulos unidos por juramento y estipulación, de acuerdo con la ley médica, y no a otras personas. DOCENCIA.


Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror. A nadie daré una droga mortal aún cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no administraré a la mujer supositorios para provocarle aborto; mantendré puras mi vida y mi arte.No operaré a nadie por cálculos, dejando el camino a los que trabajan en esa práctica. LÍMITE DEL CONOCIMIENTO.


A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos. RESPETO AL PACIENTE.


Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la vida de los hombres que no deba ser público, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas. SECRETO PROFESIONAL.


Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro. ÉXITO EN LA VIDA.

Fin. ¿Y...?

Reflexiones sobre Iris Murdoch

A veces la proyección es irremediable. Sentarse en el cine, casi a solas, cinco personas en toda la sala de un cine de pueblo, de esos que ya no se estilan, con un paquete de kleenex en el bolso que sabes que vas a utilizar y disposición para encontrarte a ti misma, a muchos sueños e incluso a los miedos. A esos fantasmas abruptos que nos da miedo encontrar, que nos acechan por detrás y están en nuestra propia vida.
La educación...no proporciona la libertad. La libertad, si es que somos libres, a lo mejor no lo somos, a lo mejor no lo sabemos, no nos brinda la felicidad. Pero la educación nos da la oportunidad de conocer otros placeres, otras emociones, decidir, paladear la diferencia, ascender en nuestras aspiraciones. La educación es un medio, es un rollo pero no un fin. Así, más o menos, con sus-mis palabras comienza la película al inicio de la vejez de Iris.
Muchos sentimientos contrapuestos. ¿Por qué esta fragilidad? ¿Inconsistencia? Identificarme con la vida de juventud, en parte, con las ansias de vivir y jugar. De amar, incluso más allá de lo amable, de las piedras-como dicen en varias ocasiones-. De palpar y de ver más allá lo terrible de la mente que se vacía, de la resistencia a admitirlo, de la propia consciencia-inconsciencia que le ocurre a una mujer maravillosa, como a mi madre. Todo esto nos puede ocurrir. ¿Me puede ocurrir?
¿Qué albedrío es éste? Estando arriba, volando en campos exóticos donde la minoría alcanza, en las cotas de la palabra, no como palabras vacías sino como expresión de pensamiento, de búsqueda de amor a la verdad, de amor al amor; de las más altas cotas musicales, llevadas al amor de los niños en el descubrimiento de un mundo ignoto a través de la enseñanza;, de los hijos, de una resignación misteriosa en la propia libertad ; del marido, único hombre elegido en su vida, del cual ahora no se puede despegar, como queda tan patente también con Iris. Está poco reflejada la desesperación de los que acompañan día tras día, minuto tras minuto, segundo tras segundo en esa pérdida de la identidad, que casi termina con ellos mismos. Los esclaviza y les impide delegar porque son las asas, el único y posible enganche al presente, aunque llega un momento en el que los nombres no se reconocen y realmente son nadadores a los que arrastra el ahogado.
Y ese amor con su marido por encima de las infidelidades-¿realmente existe la fidelidad o falsos sentidos de propiedad?- con los besos de nariz respingona o los juegos en el agua o la lectura de su novela... ¿Existen los besos de ala de mariposa? Pestañeos sobre la piel. Me persiguen sueños que no quiero soñar. No duermo.

Apoyas la mirada, madre...

Apoyas la mirada, madre,
en mundos inexistentes
pletóricos de infundadas sospechas
¿miedos que desde siempre acechan?

Relatas historias, madre,
que a todos, tras cien días, aburren
menos a tus nietas, abuela,
saltos al pasado envuelto en cuento.

Saltas a tu música, madre,
esfera segura, carente de agnosia,
trazos, invisibles sonidos en la mente,
puentes inaudibles, tuyos desde la infancia.

Adivinas, madre, eso dices, adivina,
desde siempre Bruji, brujilinda,
historias sin razón ni fundamento
acuñadas con personajes muertos.

Sabes, madre, que algo te pasa.
Dices, sí, afirmas e insistes
en que estás sin memoria,
sin memoria, sí, con inteligencia.

Madre, mamá, alma mía,
la enfermedad de Alzheimer se asienta.

Ciclos, mujeres y caramelos

Ser cíclica es algo inherente, inevitable a la mujer. Y, ni mucho menos, sinónimo de inestable. Es una cualidad, calidad que las envuelve y acompaña desde la adolescencia, casi niñez, hasta su liberación o pérdida. Su llegada, la de las reglas, va acompañada de consejos no siempre del todo sabios, de sustos, llantos y alegría porque "ya se es mujer", de vergüenzas, complejos, temores. De cuentas que no se pierden hasta el final, llevadas también por las madres al principio (sospechas terribles); botellas de cava que se abren con timidez ante su falta; fatales lágrimas derramadas en solitario por torpeza. Caramelos de pasión. Decisiones crudas de continuar o no. Desesperación ante su puntual aparición mensual. Caramelo de fracaso.
Su ausencia, la de las reglas, va seguida de suspiros de alivio por lo que no sería tan deseado que llegara; de sensación de frustración por no ser ya lo que se era, mujer; de pasiones arrebatadas, hijas de la falta de temor. Su ausencia, la de las reglas, ha brindado la ocasión para que aparezcan tratamientos sustitutivos que otorgan mayor capacidad de disfrute, amén de prevenir otros desgastes como el de los huesos. Caramelos que pretenden evitar la vejez.
Y en todo este viene y va, se moldea la mujer, se perfila su carácter. Sus ataques de malhumor se justifican, sus días de glotonería se explican y los abrazos, sin saber porqué, son más tiernos algunos días. Dulces caramelos.
En estos ciclos de la vida de los que a veces se quiere escapar, por lo menos escapar a su influencia; escapar para sentirse igual; igual ¿a quién?; igual a los que no tienen los mismos ciclos; maldita tergiversación, educación actual, igualitarismo sin igual; tener ese ritmo es un orgullo, música de la Naturaleza, que imprime un baile que lleva por la vida sintiendo variaciones que hacen olvidar la monotonía, que lleva implícito el mismo latido del Ser, que incluso a veces se lleva dentro. Caramelo de fecundidad.
Hay que jactarse de ser Mujer con todas sus consecuencias. El llanto; la sensibilidad; esa inteligencia emocional que ahora se vende como agua de mayo; la risa; la emoción; el futuro bien pensado; la animalidad de ser madre; la bestialidad de ser hembra. La sorpresa de tener instinto en el sentido feroz de la palabra (y no el tan manido instinto maternal).Hay que defender el derecho a ser más amorosa cuando se está ovulando y, claro, también cuando no se está. Ser consciente de todas las manipulaciones que se hacen y, que no dejan de ser eso, alteraciones de lo subyacente. Caramelos de fábrica.
Y si pocos se plantean lo que implica ser varón, muchos se interrogan sobre la mujer. Pues bien, además de ser persona (obvio, ¿no?), de que cada una como cada uno tenga sus peculiaridades individuales (obvio también), éstas tienen unas características (cualidades definitorias) que las hacen no sólo diferentes en el físico (lo cual es muy deseable y lo sabemos explotar), sino en la psique. Y estas características, además de no ser vergonzantes (aunque se eche alguna lagrimilla de más), son objeto de deseo como se pone de manifiesto en la filosofía actual. Caramelos de la verdad.

Romance de la Mercromina


Cabalgando iba un jinete

por una árida llanura,

sembrada de mijo y trigo,

desierta y sin espesura.

El caballero pensaba

con dolorosa amargura

que la moza a la que amaba

era con él hasta dura.

No quería ya casarse,

pero un poco de ternura,

en un momento cualquiera,

no era una chaladura.

Estando en tales ideas

cayóse de su montura

y quedó tan mal parado

que urgente se hacía una cura.

Más por allí nadie había

y siguió hacia Extremadura

queriendo la casualidad

que encontrara a Doña Pura.

Esta era fea y sin gracia,

era una mujer muy ruda

que en el bolso que ceñía

amarrado a su cintura

guardaba allí un bote

de una muy extraña tintura.

Aplicóle el rojo tinte

cual gran y hermosa armadura

de color sangre mostraba.

Con esta andrajosa muda

presentóse el caballero

ante la excelsa hermosura

de la dama a la que amaba.

Díjole: ¡Con esa hechura

ni a una moza, ni a una gata

enamoras, ni engatusas!

Dos ancianos


Dos ancianos, agarrados de la mano tiernamente, pasean hablando de sus cosas. A esa edad no se es tierno o blando, sino que se considera aquello importante, lo que permanece, la esencia de la vida.
En este siglo confuso, de cambio, evolución permanente, el arte es expresión, manifestación del ser del hombre. El concepto de relatividad impregna toda la cultura. La vigencia de esta teoría empapa la ética, el arte, los estilos, el modus vivendi. Es difícil, incluso más difícil, permanecer fiel a sí mismo porque es arduo concretar a qué se es fiel o si es importante ser fiel a algún concepto.
Esta relatividad de la vida aplicada al arte o a la vida misma hace válidas teorías opuestas que se sitúan al mismo nivel. La misma relatividad hace perder la valentía de expresar ideas propias. Da miedo escribir versos porque escribir versos es descubrirse verdades.
¿Pintar cuadros? Podrías darte de bofetadas porque se ensalzan trazos conscientes de su propia ineptitud. Y la propia adecuación al gusto del que obtiene el material. O, lo que es peor, el acusado compra arte como inversión de aquello que es una denuncia a modo de actuar. Es la incongruencia del Arte como expresión de la sociedad. Como contrapunto de su evolución.

I. Del triángulo de la armonía y sus posibles utilidades.



¿Existe la armonía? ¿En que consiste? La armonía es el equilibrio de las fuerzas resultantes en la persona. Podríamos definirla como el área de de un triángulo equilátero en que su vértice superior representa las emociones, el inferior derecho a la inteligencia y el inferior izquierdo a los sentidos.
A lo largo de nuestra vida pasamos por muchas, muchas circunstancias que tienden a que perdamos nuestro lugar armónico, representado como ideal en el triángulo verde intenso. Desde nuestra más tierna infancia hay circunstancias que nos empujan a salirnos de nuestro triángulo armónico: el hermanito que nace; el chico al que no le gustas; el examen suspenso; la crisis de fe; el camino profesional diferente al imaginado; la ruptura de pareja y un largo etc. Pero tenemos un margen tolerable, ese en verde más claro, en el que nos encontramos todavía cómodos, en el que con nuestras propias fuerzas podemos volver a encontrarnos confortables.

La vida es así, una entrada y salida de la armonía a cierto grado de entropía tolerable y casi deseable-pues no deja de ser la chispa que ameniza-. Nuestros propios recursos nos lo permiten; nuestro propio carácter nos marca en qué lado vamos a estar más a menudo; las circunstancias nos empujan- en su mayoría hacia fuera. También podemos avanzar al caos, a un grado intolerable de desequilibrio. Y también podemos encontrarnos en la felicidad.

Si trazáramos una línea paralela al lado inferior del triángulo que pasara por el punto central equidistante de los vértices, definiríamos un nuevo triángulo presidido por las emociones, los sentimientos, con una fortaleza armoniosa de la inteligencia y de los sentidos: sería la felicidad, especialmente para las mujeres. Para otros la felicidad, estaría situada en otro triángulo interior al inicial, cuyos vértices se situarían en el punto central de cada uno de los lados del triángulo de partida. Sería una felicidad más dirigida a la inteligencia y los sentidos, probablemente más en la línea de aspiración de los varones.